miércoles, 12 de mayo de 2010

14 de Febrero

Este escrito deberìa de haber aparecido en la fecha que nombra, pero serìa como caer en el juego que no queria caer, asi que por eso no lo publique hace tiempo.
Ademàs tuvo que ocurrir algo parecido para que volviera a pensar en eso, jeje.

Adiós a las flores, a los peluches, a los chocolates y a esas postales que sólo arruinan los bosques. Adiós a tenerme que levantar temprano para esperar a que abran la florería o la tienda de regalos donde de seguro más de uno ha escogido el mismo peluche para su chica. Los catorce de febrero se habían convertido- en mi experiencia de novio- en algo tan irritante como la larga fila de señoras y muchachas en noche nocturna de Liverpool. En este instante de inspiración nocturna ninguna chica inconforme por mi actitud ante la celebración capitalista de esta fecha me exige justificarme, es más bien, el deseo de mostrar la belleza con que transcurrió la tarde de vernos para hacer cualquier cosa, incluso nada.
Habíamos acordado vernos en tarde, no había planes, los planes se desplazaron inmediatamente después del primer beso. Bañarse juntos para cubrirnos con jabón y espuma eran sólo dos instancias de la filia que propiciaría hacer el amor. El agua tibia hizo huella en unas pequeñas gotas que se resbalaban poco a poco en esa espalda morena dulce. Hice lo que tenía que hacer. Besarle la espalda para secarle esas gotas, no podía dejar que tuviera frío o que le entrara un aire helado.
Que me cocinara resulto ser una linda forma de iniciar un ritual lejos de los aparadores que muestran globos gigantes con inscripciones de amor en ingles, de peluches gigantes que usurpan mi presencia en su cama. El café para platicar que deseábamos el uno del otro fue una forma de olvidar el frío, la neblina y la llovizna del exterior.
La invitación de beber el café espumoso de su tasa me mostro que quiere pasar sus días conmigo y el beber de su tasa confirmo ese querer de ambos. Marcharse una vez más de su casa me dolió, sentí por un instante que se me olvidaba algo: su presencia.
Atarla para caminar conmigo no es lo que pretendo, pretendo de vez en cuando que ella sea la que me agarre la mano para cruzar la calle. Que lleguemos a casa con ganas de besarnos y desnudarnos para dormir es lo que supone este escrito.
Sumergirla en estas líneas y que se pierda un poco es lo que soñare hoy o lo que anhelo soñar para mañana contarle después del desayuno.

2 comentarios:

Jacqueline dijo...

este.. diculpa es que no púse atención...este qué bonito gracias

Jacqueline dijo...

En los teatros siempre se esconden detrás de los escenarios los tramoyistas, aquellos que le dan vida a lo que los espectadores pueden disfrutar, sin estos jamás abría vida en el escenario aunque hubiera actores, así el amor es como una especie de tramoyista el cual da vida a los 14 de Febrero, ¿pero qué puede hacer este si no hay escena qué representar y animar? ¿si no hay actores dispuestos a hacer conjunto con el trabajo de la tramoya? respuesta explícita esta en tus palabras, pues estos dos "actores de la vida" como dirían los Fabulosos Cadillacs, no sólo se dirigen bajo la dirección de la tramoya, sino que se vuelven unidad con ella y dan como resultado la sinfonía entre estos: Romeo y Julieta, a decir de sus verdaderos nombres, no los mencionémos pues están demás, sólo digamos que son ella y él...