domingo, 7 de diciembre de 2008

Nocturno I

Cuando a la hora funesta
le cae el desasosiego de la duda,
la incertidumbre de la palabra difícil,
y hay un resoplar de huesos
en desesperada huída;
cuando la noche se precipita
como tu acerina cabellera
y tus ojos me amarran al pavor
de no saberte, de no sentirte,
entonces todas las páginas
cascabelean los dientes
y asoman el pálido flanco
de una guerra adventicia.


Protejo tu nombre sólido
y le deshojo en cada hora de tu silencio
como un velatorio de armas
en esta capellana lejanía;
y te nombro como un augurio apenas,
como una promesa del viento
anunciada en la luna nueva.


1 comentario:

Francisco Javier dijo...

nombre adan que madrugador saliste eee y aparte con inspiracion como no si tienes a la lady al costado sobres