jueves, 30 de agosto de 2012

Enseñanza reflejo


Si verdaderamente algo distingue al hombre de los demás entes que existen en el mundo no es su lenguaje, tampoco la capacidad de sentir sino especialmente el valor que existe en el educar. La educación no sólo compete al ámbito de los pedagogos ni  sólo a la estructura que envuelven a las instituciones educativas sino a todo el entramado de relaciones humanas que existen. Si hay algún curioso que pegunta ¿Por  qué? Por la siguiente razón que no es mía pero que comparto: “que todos los seres humanos enseñan es, e muchos sentidos, su aspecto más importante: el hecho en virtud del cual, y a diferencia de otros miembros del reino animal, puede transmitir las características adquiridas”. Así pues estamos condenados a educar de cualquier forma, puesto que nuestras acciones reflejan un sentido del vivir y a ese reflejo no lo podemos ocultar.
 Es quizá  por ello,  que muchas veces las personas adultas procuran evitar mostrar cierto tipo de acciones verbales, físicas y emocionales delante de los niños, pues son los éstos los que por su infancia procuran identificarse con cierta autoridad a la que ellos sienten afecto de imitar, puesto que con ciertas acciones procuran establecer cierto tipo de vínculo.

¿Qué nos dice lo anterior? Dos cosas primordialmente: a) Que nuestros actos son reflejo no sólo de nuestra conducta, sino de nuestros deseos, nuestros conocimientos, etc., y b) que existe una predisposición por el conocer nuevas formas, nuevos conocimientos y personas. Así el conocimiento no sólo se encuentra circunscrito al ámbito académico sino también al personal. Y si esto no es así, ¿Qué alguien arroje la primera piedra si es que no ha valorizado alguna vez a un maestro, algún administrador, algún párroco, político, secretaria, etc?




La pre-disposición de conocer regularmente se encuentra ubicada en el deseo constante de forjar nuestra propia vida, así el niño siempre busca representarse e modelos más cercanos como papá, mamá, algún súper héroe de película o algún personaje de caricatura, algo que de alguna manera llene su propia forma de verse ante la vida. Pero, ¿Qué pasa cuando crecemos? parece que los personajes ficcionales no nos llenan el ojo y acudimos a otros esquemas como el de un deportista, médico, abogada, ingeniero, filósofo, etc. ¿pero que hace que nos seguimos volcando hacia esquemas sociales? El deseo de ser siempre algo constantemente. Pero no es el simple deseo, sino la necesidad hacer de nuestra vida algo.
Quod vitae sectobur iter? ¿Qué camino debo seguir?

De aquí se deriva en gran parte la importancia y compromiso de la educación. La educación debemos pensarla como la tarea primera del pedagogo, pero para ello hay que hacer un poquito de historia. “El pedagogo era un fámulo que pertenecía al ámbito interno del hogar y que convivía con los niños o adolecentes, instruyéndoles en los valores de la ciudad, formando su carácter y velando por el desarrollo de su integridad moral. En cambio el maestro era un colaborador externo a la familia y se encargaba de enseñar a los niños una serie de conocimientos instrumentales, como la lectura, la escritura y la aritmética. El pedagogo era un educador y su tarea se consideraba de primordial interés, mientras que el maestro era un simple instructor y su papel estaba valorado como secundario. Y es que los griegos distinguían la vida activa, que era la que llevaban los ciudadanos libres en la polis cuando se dedicaban a la legislación y al debate político, de la vida productiva, propia de los labriegos, artesanos y otro siervos: la educación brindada por el pedagogo era imprescindible para destacar en la primera, mientras que las instrucciones del maestro se orientaban más bien a facilitar o dirigir a la segunda”.
Regresando a nuestro presente de carne y hueso, debemos de pensar en qué condiciones se da la educación, cuál es el rol de los maestros en la formación de los estudiantes, qué significa ir a la escuela, qué propósitos persigue la educación hoy día, que frutos ha tenido la educación en la sociedad mexicana. Si nosotros como sociedad no nos hacemos este tipo de preguntas, estaremos condenados a repetir errores de antaño que ha causado empobrecimiento no sólo económico sino cultural, puesto que, un pueblo se distingue en la forma en cómo práctica la educación.





Para ello es necesario que no sólo los alumnos sean lo interesados en ir y aprender sino que la familia sea- como la institución por antonomasia de la sociedad- la que siembre el ejercicio de la enseñanza, que implica el preguntar, el escuchar, el respetar y lo más importante el convivir. Cuando la escuela enseñe prácticas de convivencia y no sólo de competencia en tanto quién es el mejor en esto o en otro, podemos dejar de pensar en la marginación social y en la violencia verbal de quien es mejor que otro o quién está por encima de otro. Esto sin duda, nos obliga a revisar el papel del docente, del director, del padre de familia, de los estudiantes porque no hay un solo culpable de la educación sino que al ser la sociedad un conjunto de intereses y convicciones comunes cada uno de nosotros carga con un poquito de responsabilidad.
En conclusión, podemos decir que si los niños en su andar no encuentran por lo menos, actores (maestro, padre, ingeniero, filósofo) que significan en un medio dado, no podremos por lo menos orientar la mirada de quienes buscan transformar lo que tenemos en algo mejor. No se trata de que repitan esquemas sociales, sino que por lo menos entiendan cuál es el rol que juega cada uno en la sociedad para que el educando encuentre en ellos una posibilidad de realizarse y seguir contribuyendo para el bien común.

viernes, 3 de agosto de 2012

El despertar de las cosas



No existe ser humano que nazca sin pertenecer a una tradición, ya que de alguna manera la tradición le acuña un lenguaje en el cuál el individuo empieza a nombrar el mundo que le rodea y su sí mismo que le permite reconocerse como tal. La tradición no debe entenderse como la Tradición con mayúsculas en tanto que se pueda entender como la única tradición que hereda un individuo sino que la tradición es el conjunto de tradiciones que donde perecen y aparecen ideas y en dónde estas están en una constante lucha. La tradición resulta como el suelo en donde estamos parados y que nos permite vislumbrar tradiciones nuevas, ya que, la tradición no permanece estática sino que se encuentra en un constante afirmar, reafirmar y cultivarse de nuevas formas.

Así pues, la tradición hereda por medio del lenguaje los conceptos y creencias que tal tradición considera válidos así como sus valores que ella considera pertinentes para su conservación. Si tendríamos que resaltar algo entorno a esto es que cada individuo que nazca será alimentado de ciertos valores, creencias y hasta deseos hasta tal punto de que el individuo sólo estará predeterminado a pensar en ciertas coordenadas y, de tal manera, creerá que esas son las únicas formas de pensar o al menos con las únicas con las que puede pensar. Pero, qué pasa cuando el individuo se encuentra en una situación de incertidumbre y se pregunta: ¿Por qué las cosas son así y no de otro modo?

La situación de incertidumbre se da porque muchas veces no sabemos cómo entrarle a la existencia de tal manera que pareciera que no nos alcanza lo que se nos ha enseñado para poder descifrar  una forma de responder a tales circunstancias y es entonces cuando  surge la pregunta del porque las cosas son así y no pueden ser de otro modo. Cuando se lanza está pregunta despertamos el estado de cosas en donde nos encontrábamos tranquilamente y en dónde no cabía la posibilidad de asomarse la duda. Y en ese sentido la duda se vuelve un reflexionar sobre el estado de cosas en el que nos encontrábamos y al cuál vemos con cierta distancia, puesto que hemos dejado de creer en lo que se nos ha impuesto como educación.

En ese sentido se puede hablar de que la filosofía es una tradición de la in-tradición en tanto se dispone –regularmente- a poner en jaque aquello que ha aprendido de tal forma que resulte en una búsqueda por el saber y el conocer y es ahí donde se da tal despertar de las cosas en tanto que buscamos un “nuevo” sentido que permita al menos saciar cierto tipo de incertidumbre en la que ahora nos encontramos. Los niños nacen con tal peculiaridad del preguntar porque las cosas son así y no de otro modo pero rápidamente son callados con un rotundo “porque son así” o “porque eso lo dice tal autoridad” sin ni siquiera inculcar el ejercicio de poner a prueba del porqué consideramos o del porque se ha venido considerando que las cosas son de tal forma.

En los niños sucede una cosa peculiar que es otro indicio del porqué surge el ejercicio filosófico y es el asombro o la admiración  que hay en ellos del mundo. En nuestros días  podemos decir que hemos perdido la capacidad de asombro y hemos dejado irresponsablemente ese quehacer -al cine, internet, celulares, televisión-perdiendo nosotros con la admiración la capacidad del preguntar, puesto que, del que nada se admira no puede ni siquiera preguntar, sin pregunta no hay respuesta y,  por lo tanto, saber.

La filosofía: ¿útil o valiosa?




¿Cuál es nuestra  circunstancia? Para contestar esta pregunta podemos acudir sin duda alguna al régimen político-económico que impera en la forma de vida que se da actualmente. Pues es este régimen el que impone un ritmo (forma) de vida. La economía es la que impone tal ritmo y con esa imposición carga la balanza hacia las ciencias y técnicas para perpetuar  ese modo de ser que va determinando las circunstancias en las que nos encontramos. Lo anterior ha provocado un avance constante de la ciencia y la tecnología y con ello un ritmo encaminado hacia la producción y consumo de mercancías que van marcando el desarrollo de las estrategias políticas-económicas.

En estos avances de la tecnología y la ciencia más de uno rinde honores a los productos que se encuentran a la mano con el supuesto de una mejoría en nuestra forma de vida, puesto que, llenan necesidades que la vida misma en su desarrollo va haciendo más compleja, por poner un ejemplo: el crecimiento de las ciudades y con ello el aumento de las distancias que hay entre el trabajo y la casa se “vuelve” necesario adquirir un automóvil para facilitar el traslado al hacerlo más cómodo y con mayor ahorro de tiempo. Productos como los  televisores con alta definición, celulares inteligentes, gps, laptops, internet, aparatos de sonido, almacenamiento virtual (usb, discos duros) cámaras, automóviles, etc., viene a completar esas necesidades que se han impuesto como modo de vida.

Dado lo anterior, incluso los contenidos educativos se han tenido que modificar para poder estar a la altura de los avances que ofrece la tecnología, ya que si revisamos los planes de estudio de hace 20 años aun no aparecen las materias de computación en nuestro nivel básico cosa que ahora parece una aberración no incluir en nuestra educación esas asignaturas que hoy en día son indispensables para poder entrar en la dinámica del mundo. E incluso al profundizar más al respecto las universidades han dado apertura a carreras que lleven formar profesionistas que sepan del rubro para saber de qué se trata eso de la informática y sistemas computacionales para poder empezar a crear una cultura que nos actualice con los desarrollos que se dan en otros países en esa materia.

Y no sólo podemos hablar de la informática sino de otras carreras que con el desarrollo científico-tecnológico  han tenido un boom en nuestros tiempos como lo es la criminología, inteligencia artificial, robótica, mecatrónica, biotecnología, etc. Una de las cosas que se dicen para el estudio de estas carreras es que como son lo que está en boga es lo que mejor retribuye económicamente cargando más la balanza de las decisiones por una cuestión meramente monetaria descuidando el bien común que pueda generar estudiar dicha carrera. En ese sentido se habla que es muy útil estudiar tal cosa por los beneficios que esta entrega a la persona.

Aquí el problema reside en el hecho de que si nosotros privilegiamos lo útil consecuentemente lo aceptamos como bueno en tanto que sirve para algo y sobre ello vamos juzgando lo que se nos aparece en el mundo. En el caso de los que estudian filosofía es una pregunta de cajón la que siempre nos hacen con su siguiente sentencia: ¿Y eso para qué? ¡Te vas a morir de hambre! Me gustaría responder esa pregunta para dar pie a lo que da título a este humilde artículo.

La pregunta del para qué, tiene que ver con esas condiciones en las qué interpretamos el mundo y buscamos mecanismos para poder sobrevivir y con ello damos con lo nos resulta útil para lograr dicho objetivo. En ese sentido todo aquello que estudiamos lo debemos utilizar para nuestra vida material y en el caso de la filosofía tal parece que no ayuda a cubrir esa necesidad, puesto que en el mundo que nos toca vivir no se percibe claramente el para qué necesitamos filosofía, cómo si ésta fuese un accesorio o algo por el estilo. Y sobre la sentencia de morirse de hambre si uno estudia filosofía, ni siquiera la historia tiene argumentos a favor de esta sentencia, ya que, en toda la historia de la filosofía ningún filósofo se ha muerto de hambre, se mueren por otras cosas pero nunca por hacer filosofía o dedicarse a ella.

Aquí lo que hay que resaltar es que incluso los mismos filósofos dicen que la filosofía es inútil, puesto que, esa no es su función, ya que todo lo útil se encuentra atada a su uso y tal parece que su utilidad residiría para lo cual fue hecha. En cambio de la filosofía se dice que es valiosa en sí misma puesto que si se estudia filosofía es por el deseo de saber, buscar la verdad de las cosas y no tanto su utilidad. Por ello la filosofía es un amor desinteresado en tanto que no busca sacarle beneficios a lo que ama sino que lo hace por el amor que se pueda tener al saber por el saber. Cualquiera pensaría que se trataría de una locura de estudiar algo por estudiarlo, y quizá estemos locos pero entendemos que sin esa “locura” nuestra vida no tendría significado, puesto que el hecho de estudiar filosofía implica un deseo de saber sí hay tal significado.

Por ello no se estudia filosofía sino que se filosofa en tanto que la filosofía tiene que ver con el ejercicio del reflexionar sobre el mismo hecho que nos lleva pensar y este hecho puede estar mediado por diferentes factores. Y es en ese sentido en donde la filosofía se vuelve valiosa en tanto que se hace por ser seres racionales, es decir ponemos en práctica lo que poseemos como seres humanos y no sólo para sobrevivir. Por ello tanto el arte como la moral y con ellos la filosofía pueden nombrarse como las expresiones más elevadas que tenemos en nuestra historia, así tanto la filosofía como el arte y la moral no son productos de una cultura sino que forman parte del carácter de tal cultura.

Así pues, la filosofía es un valor en sí mismo. Hagamos una analogía con los valores para poder ampliar lo anterior y tener una mejor claridad para nuestro lector. Los valores que nosotros aprendemos no los enseñamos porque de ellos obtengamos algo útil sino porque creemos que esas son las mejores formas de convivencia que el hombre puede alcanzar y en ese sentido aquél hombre que no sólo sepa valores sino que los lleve a la vida práctica una vez reflexionado sobre lo positivo que es aplicarlo será un hombre valioso en tanto que ha encontrado un camino recto, honorable por el cual conducirse. Así mismo la filosofía, no es algo que podamos portar cómo si se tratará de un ipad, reloj, celular y que por ende seamos valiosos porque lo valioso no tiene nada que ver con el precio sino que la filosofía se lleva en el existir diario del preguntarse y buscarle sentido a las cosas que nos rodean.  Y cuestionarse significa estar vivo y eso es algo valioso en sí mismo.
             

jueves, 5 de julio de 2012


Sobre las redes sociales

Actualmente en México los medios de comunicación, especialmente twitter y facebook, tienen una importancia sobre saliente en el marco político-social a partir de las elecciones ocurridas el día 1 de julio pasado. Una vez más nuestra parca lectura política nos lleva a sólo tomar en cuenta la elección presidencial y a dejar a un lado las demás contiendas que pertenecen a senadores y diputados.  Digo parca en tanto que no acabamos de entender que hemos elegido una nueva lista de representantes locales y federales. La atención – no habría de esperarse- por el impacto mediático sobre la elección presidencial es la que se posiciona en los medios de comunicación como la más importante.

Lo que ronda en las radio-difusoras y noticieros televisivos  así como en la mayor parte de la prensa escrita no han dejado de subrayar la contienda electoral pasada como la más clara, eficaz y pacífica por encima de todas las que ha existido. Ahora a esperar los resultados ya “indicados” por el PREP y a continuar con lo planeado, ¡digo! con lo que tenga planeado el nuevo presidente electo por “la mayoría”.  Dejando a un lado los “incidentes menores” como menciono el presidente de la república inmediatamente después del anuncio del consejero presidente del IFE.  Me parece una aberración por parte de la prensa y los medios de comunicación así como de las autoridades en la materia el hecho de que hasta ahora no hay una muestra de haber atendido esos incidentes menores.

Si nuestra democracia (IFE) se levanta el cuello diciendo que son las mejores elecciones jamás vistas por la historia, entonces me parece de la manera más lógica atender esas incidencias para no manchar el frontispicio que tanto el PRI como nuestro presidente Calderón han llamado: un gran acto de civilidad por parte de la ciudadanía que ha respondido al derecho democrático que gozan.  Pero, ¿qué tiene que ver esto con referente a los medios como facebook y twitter? Pues, todo aquello que se ha dicho cadena nacional no ocurre en esos medios, que por el momento se mantienen fuera de toda regulación y vigilancia electoral, jurídica, etc.

En los espacios que ofrecen estas redes sociales se puede notar una percepción distinta a lo que fueran las contiendas electorales, incluso el movimiento estudiantil #yosoy132 luchando por una democracia transparente hizo valer un plan anti-corrupción haciendo una iniciativa de vigilar de manera independiente los comicios para poder estar seguros de que en las contiendas electorales no se presentaras irregularidades o vicios de antaño. Las fotos que circulaban en el desarrollo del proceso electoral eran muchísimas y para mal de nuestra democracia no mostraban tranquilidad, transparencia y honestidad sino todo lo contrario, mostraban compras de credenciales, boletas en manos de sujetos ajenos a una mesa electoral, quema de urnas, manipulación de conteos en el prep, etc.

Las redes sociales fueron las primeras y siguen siendo las únicas junto con blogs de mantener una línea distinta a la establecida por las televisoras y periódicos, un fenómeno que llama la atención y que es necesario resaltarla debido a dos cosas: la primera tiene que ver con la neutralidad con la que aún cuentan las redes sociales, es decir nadie es dueño de las redes y todos hacen uso de ella como un espacio que se encuentra disponible en la red. Esta neutralidad propicia que los cibernautas puedan hacer uso de las redes sin ninguna línea marcada en cuanto lo que publican, y se han convertido en una tierra fértil de movimientos que han tenido aceptación en la sociedad mexicana. Las redes sociales además de esto es un elección libre, no coaccionada y mucho menos impuesta, esto radica en el hecho de que se puede eliminar con un clic, sin miedo a represalias,  cualquier contenido que a primera vista resulta ocioso, agresivos, engañoso, tendencioso, etc.

La segunda tiene que ver con la importancia que ha tenido el uso de las redes sociales para utilizarlas no sólo como entretenimiento sino como otro medio alterno de información relevante que sucede en nuestro entorno. Estar en una red social-virtual significa poder jalar información que se encuentra disponible de manera inmediata y que circula por todo el mundo sin ningún costo –sólo el costo que implica acceder a internet- y en ese sentido la información se vuelve de procedencia tan plural que cada quien juzga los contenidos a partir de lo que se publica sobre un tema desde diversos horizontes de comprensión, manipulación, etc.  Mucho se habló del impacto que pudiera tener las redes sociales en las elecciones y no se equivocaron aquellos que dijeron que era de admirarse cómo a partir de las redes sociales, más que los spots, se formaron juicios sobre los 4 candidatos a la presidencia.

El espacio que ofrecen las redes sociales tiene un impacto más fuerte porque la personas se sienten parte de dicho proceso, en tanto que cualquier comentario, imagen, video, mofa, chiste, caricatura publicada no carecía de eco, sino que se sumaba a la opinión o rechazo de personas que están involucradas en el mismo tema, cosa que no sucede con la televisión de la cual sólo somos espectadores y de la radio en dónde nuestra función es sólo escuchar. La redes sociales involucran otras dinámicas que tanto la radio como la televisión están lejos de ofrecer a un público cada vez más exigente en querer ser parte de la mayor parte de lo que ocurre, basta ver una serie televisiva que genere adicción y en seguida brotarán foros virtuales de participación.

Añádase a lo anterior la frescura de la información publicada a cada minuto hora, no respetando horarios como los que impone la televisión o la radio y en ese sentido el usuario de las redes sociales cree estar sincronizado con el tiempo real del mundo. En fin, se pueden decir más cosas sobre el tema no pretendía agotarlo en este pequeño artículo, simplemente quería resaltar la importancia que tienen en este momento las redes sociales y que, por supuesto, están jugando un rol importe en las manifestaciones actuales que se dan actualmente y que pretenden ser un vehículo de la sensibilidad mexicana para iniciar procesos más complejos.

miércoles, 4 de julio de 2012



La democracia no se reduce a una
forma de gobierno, sino que es,
a fin de cuentas, un ideal basado
en virtudes morales.
Antonio Caso

La democracia como sistema político ha tenido muchas transformaciones a lo largo de la historia de Occidente, en la Grecia de Pericles por allá del siglo IV a.C., fue cuando por vez primera se puede rastrear el sentido de aquél sistema político. La instauración de la democracia no significaba que  sólo se cambiara de sistema político sino que esta formara parte de la vida colectiva, personal y que eso, inmediatamente,  se reflejara en el cuerpo de la polis, ciudad.  Es decir,  la democracia no sólo es parte del sistema político sino que tiene que ver intrínsecamente con la vida de cada uno y la de todos porque es evidente que el hombre no puede vivir sólo sino que su subsistencia depende del colectivo que lucha por el mismo fin: preservar la vida y encontrar mejores condiciones de esta para su desarrollo.

Lo anterior no podría  haber sucedido  si no tomamos en  cuenta la importancia que tenía la palabra en aquél tiempo. La palabra era un instrumento para hacer válida una posición política que abogará por intereses colectivos y personales.  El hecho de que la palabra tuviera un significado importante era porque las instituciones que regulaban el orden público permitía el desenvolvimiento de la palabra. De hecho,  de ahí un arte que surgió a partir de esas condiciones políticas: la Retórica. La retórica no la debemos concebir como peyorativamente se ha entendido, es decir cómo aquél arte usurpador de intereses y balbuceos impertinentes. La retórica se usaba para designar  a los políticos, a los hombres públicos que toman la palabra, hablan y discursean en la Asamblea Popular. Y es sobre lo anterior en lo que debemos poner el acento de la retórica, como más adelante veremos en cuanto su función en la sociedad. Cronológicamente  se les considera a Corax y Tisias los creadores del la retórica, pues su libro Arte y el primero en esa materia estaba compuesto de estrategias para lograr vencer mediante la persuasión.

En realidad no importa tanto el origen del arte retórica como su función en la sociedad griega. Su papel es claro en cuanto que la retórica es hija de la democracia y el derecho. La retórica es el arte que enseña al ciudadano a defenderse con el empleo de la palabra en el marco de las reglas del juego democrático, tales refieren al hecho de que todo ciudadano tiene permitido hablar en público y además puede hacerlo de la forma que le plazca sin ofender a la ley, misma que es convenida por el acuerdo de la comunidad.

Regresando a nuestro presente, la democracia es asunto de partidos políticos (que representan los intereses del pueblo) y organismos (IFE). Nuestra democracia, mexicana, ha ido ascendiendo,  manteniendo la esperanza de poder llegar a hacer eficaz, puesto que, siguen habiendo muchos lapsus que continúan  manchando las contiendas electorales como la compra de votos, la coacción del mismo, etc. Lo que las autoridades llaman “incidentes menores” es muestra de que no se ha podido liberar nuestra democracia de vicios que por mucho tiempo han alejado la participación “verdadera” de los mexicanos.  Nuestra democracia a diferencia de la griega está lejos de propiciar el espacio público en donde  la palabra como instrumento de validez política tenga una influencia sobre el mismo espacio público-político. Nuestra democracia en ese sentido se ha especializado y fragmentado tanto que ahora lo que menos se escucha en una Asamblea (legislativa, por ejemplo) es la voz del ciudadano.

Entonces, si nosotros queremos recuperar el espacio y la fuerza de la palabra tendríamos que educarnos en condiciones de ejercer la democracia.  Esto porque si nosotros a partir de los 18 años formamos parte de la ciudadanía que obtiene el derecho del voto, la participación ciudadana es indispensable no sólo hacer efectivo el derecho sino de estar armado de herramientas indispensables para ejercer la ciudadanía a través de la palabra y la escritura. Por ello es esencial que la educación de la ciudadanía  sea integral, en el sentido de recibir una formación científico-humanista que contemple materias como la filosofía, la lógica, matemáticas y la ética. Decimos estas disciplinas porque la lógica otorga herramientas para reconocer qué tipo de argumentos existen y cuál de ellos son validos o no, esto para discernir el mundo de información en el que nos encontramos y se encuentra tan a la mano. Las matemáticas porque el razonamiento matemático ayuda a ordenar y a dar coherencia a los argumentos que tengamos que elaborar. La ética debe contribuir a hacer concordar sobre las distintas posturas éticas que aparecen en el espacio democrático y plural que tenemos, esto no se debe entender como un relativismo ético sino como una búsqueda de establecer acuerdos para no caer en el relativismo y asumir una postura ética conveniente para respetar el espacio público.
Y sobre todo el estudio de la filosofía, porqué esta es un ejercicio reflexivo de crítica y autocrítica sobre las condiciones políticas, sociales, culturales y económicas que nos toca vivir. Este ejercicio qué hace la filosofía revitaliza la democracia en tanto que pone a prueba las condiciones mismas por las que se hace valida la democracia: la libertad, el respeto y la tolerancia. Y esa libertad, tolerancia y respeto deben ejercerse desde todos las esferas que conforman la sociedad. A partir de ahí podríamos re-habilitar la condición de la palabra y la escritura, puesto que la formación académica rendirá frutos en los futuros ciudadanos, por ello es indispensable que en nuestro presente trabajemos sobre las condiciones del hoy y del mañana.

Por ello el cultivo de la filosofía tendría que ejecutarse a partir de una condición social que necesita alimentarse de lo que piensan y sienten los ciudadanos que dan pie a la misma sociedad. De ahí que recurriéramos en la primera parta a la retórica porque entendida así la retórica es filosofía en tanto que discute sobre lo conveniente y es ahí donde se pone en juego la democracia. Por  ello insisto en que la democracia no debe entenderse sólo como el sistema político que hoy tenemos a partir de los partidos políticos y el IFE sino cómo aquél en dónde las personas hagan valer  el espacio político, cultural y social que tanto ha costado mantenerlo, ya que,  sólo así podremos ser actores de nuestro andar ciudadano.

Quisiera terminar este artículo invitando al amable lector que pasa por aquí a que se dé un tiempo para reflexionar sobre las condiciones y las instituciones  democráticas que hoy tenemos y analizar si estas son suficientes para hacer valida la voz de la ciudadanía. En mi opinión me parece que no es suficiente, tenemos que hacer que se involucren demás instituciones como lo es la educación para formar ciudadanos críticos-constructivos que exijan justicia, tolerancia y respeto para reforzar los cimientos de la democracia que hoy tenemos.


sábado, 2 de junio de 2012



  • Cuando era pequeño mi Papá me narraba cosas que el gobierno hacía descuidando el bienestar de los ciudadanos en pro de sus intereses, esto mi padre me lo decía para animarme a estudiar y con el fin de que mis estudios los tomará con responsabilidad e hiciera con ellos algo digno de orgullo. Recuerdo las palabras de mi Papá: estudia, prepárate porque los jóvenes son el futuro de México. ¿por qué tr...aigo a colación estos recuerdos? Porque las manifestaciones ocurridas días pasados, todas a partir de la que inicio en la Ibero con la clara indignación, hartazgo, y esperanza de cambio tuvo su punto de ebullición en el movimiento yo soy 132. Ahora que los días han pasado y este movimiento ha adquirido seriedad -digo seriedad porque lo que empezó como sólo una emanación de desencantos, reclamos y clamores de justicia ha despertado en miles de personas, y me incluyo, la iniciativa de ser participes de generar un cambio que le de otra cara al país- sumando propuestas que cambien la forma en cómo se lleva a cabo los procesos electorales, han exigido entre otras cosas un tercer debate, apertura y transparencia en el duopolio televisivo que tenemos.
    Entonces, ¿cómo ayudo a esta iniciativa, movimiento? Ayudo desde el lugar en dónde me encuentro en este momento: la docencia. Trato de hacer partícipes a mis compañeros de clase no de un proselitismo sino de un despertar de conciencia que juzgue pero que al mismo sea auto-critico para buscar mecanismos y formas que realmente generen un cambio. Sí los jóvenes somos la esperanza de nuestro México, dejen que nos manifestemos y que respeten nuestra libertad de hacerlo por quién queremos. Y la juventud no tiene que ver con los años, sino con una edad del espíritu que mantenga viva la esperanza de un mejor presente. Por ello me pronuncio a favor del 132 porque sí realmente queremos un cambio, este empieza desde que decidimos que ya no queremos tener, que ya no queremos que pase o se deje pasar, y cuando empezamos a generar propuestas. El movimiento del cambio empieza cuando la indignación se hace bandera de nuestra lucha, pero una indignación que no queda en el conformismo sino la indignación que significa que hay que luchar por obtener cambios que mejoren las condiciones de nuestra localidad, región y país, porque se busca el bien común de todos y no de unos cuantos.

martes, 29 de mayo de 2012


Sobre la educación

Para mi maestro :  
José Antonio Hernanz Moral
I
Jaeger comenta en su monumental y erudito texto Paideia que todo pueblo cuando alcanza cierto grado de desarrollo se halla naturalmente inclinado a practicar la educación[1]. Sobre esto no cabe la menor duda, que para la conservación de la sociedad la trasmisión de conocimientos y de los valores por los que se rige dicha comunidad es tarea necesaria. Al final lo que caracteriza a un pueblo es la forma en cómo fija los medios y los fines para llevar a cabo eso que se ha nombrado educación.

La educación como hemos visto anteriormente tiene un fin claro: la trasmisión de los conocimientos de la sociedad para su conservación y, posteriormente, el perfeccionamiento por medio de la misma. Pero, ¿De qué depende la educación? La educación es partícipe de la vida y ayuda a ésta para su desenvolvimiento. Obviamente, hablamos de la vida que se da en una sociedad, como aquella que busca estructurarse y cimentarse sobre las generaciones por venir. Y es ahí donde la educación cumple su destino, en tanto, desarrollo de la  estructuración corporal y espiritual de la sociedad. Y puesto que el desarrollo social depende de la conciencia de los valores que rigen la vida humana, la historia de la educación se halla esencialmente condicionada por el cambio de los valores válidos para cada sociedad[2].

Entonces, tenemos que si queremos entender el carácter de un pueblo tenemos que recurrir, por lo menos, por la educación que se practica. Puesto que la educación que se lleva a cabo  pone en juego el repertorio de conocimientos y valores que la sociedad ha dispuesto como saber. Recordando  un poco a Ortega y Gasset[3] una época se distingue por el repertorio de creencias en las que está y que en ellas encuentra su autentica forma de vérselas con el mundo y con ellos mismos, puesto que, las creencias son esencialmente las convicciones que posee un pueblo[4]. Sobre lo anterior se derivan otros cuestionamientos de igual importancia como: ¿la formación de la sociedad en todas sus dimensiones es tarea de la educación? ¿La educación sólo es la reproducción de las creencias de la sociedad? ¿Qué idea de hombre subyace a la educación que se practica? ¿A quienes encargamos la educación?

Y es sobre la última cuestión en donde quiero poner mayor atención y subrayar la pertinencia de este escrito.   Sí como hemos señalado anteriormente la educación es uno de los pilares para que se sostenga la sociedad ¿a quién le encargamos dicha enmienda? La familia hace su parte con sus propios integrantes, pero eso no basta para asegurar una estabilidad social que garantice la formación ciudadana, se vuelve necesaria –al parecer- la educación como institución. La institucionalización establece, por lo menos, otro tipo de práctica vital que resulta en otro tipo de relaciones humanas tales como la del educador-educando.


II
En la antigüedad, la tarea de la educación era solventada por los poetas, basta recordar los nombres de Homero y Hesíodo para referirnos a las primeras referencias de la cultura griega. Homero es, particularmente, el formador de la cultura griega puesto que en sus epopeyas deja ver el rasgo esencial que perseguirá la paideia griega: la  areté. La areté designa, de acuerdo  con la modalidad de pensamiento  de los tiempos primitivos, la fuerza y la destreza de los guerreros  o de los luchadores, y ante todo el valor heroico considerado no en nuestro sentido de la acción moral y separada de la fuerza, sino íntimamente unido[5]. Es pues la trasmisión de esta areté el ideal de la cultura griega a través de la educación. La aparición de la filosofía proyecta  un ethos que chocará con el ideal del ciudadano planteado por la visión homérica y será el Sócrates platónico el que resultará como paradigma del ciudadano heleno además de que él se encargará de educar a la sociedad. El filosofo distingue el sendero de la episteme del de la doxa  logra contemplar la verdad y puede comunicarla a sus conciudadanos por un eros intrínseco[6].

Es pues, desde ese modo de ver platónico, el filósofo el que tiene la tarea de la educación, pues es él el que puede acceder al mundo de las ideas. La posición que tuvo el filósofo en la educación está muy lejos de ser también en la actualidad algo semejante. La educación es ahora asunto de pedagogos y uno que otro entrometido psicólogo, la filosofía ha dejado de tener una incidencia notable en los procesos educativos que se viven claramente. Ahora bien, sí se quiere ir más profundo sobre quién educa tal parece que ni el pedagogo figura en tal tarea, puesto que en los nuevos modelos de enseñanza la idea de docente ha dejado de tener peso, ahora lo sustituye el facilitador, el orientador de los conocimientos que el educando debe ir generando de manera autónoma, tal parece que el maestro es un observador del proceso de aprendizaje que tiene que reducir su trabajo a bitácoras y planeaciones[7].

Con lo anterior no hemos contestado a la pregunta que ha dado pie a este apartado, de ¿quien debe educar? Me parece que la tarea de la educación no depende de un solo individuo cómo sí este fuera el único que pudiera cumplir con dicha enmienda. Pero para nombrar quienes pueden educar me parece necesario reafirmar la función del maestro en la educación, pero ojo no sólo debemos ocuparnos en la tarea del maestro como sí este actuara sólo y se dirigiera al mundo por sí mismo sino que también hay que poner en gran medida la vista en quienes son los que se están educando, puesto que son los educandos al final de cuentas los que serán el reflejo de la educación. No hay que dejar sólo al maestro sino hay que acompañarle en la tarea de la educación para ello es necesario que la educación no sea asunto de escuelas, universidades, institutos, etc., sino que la educación se convierta en algo que competa a toda la sociedad.

De ahí que la familia debe ser un estimulante más de la educación, para un mejor desarrollo de la sociedad y porque no de la familia también. Las demás instituciones deben dar cuenta de la importancia que tienen a partir de los frutos que en ellas se cosechan, por ejemplo en el sector salud no basta con curar las enfermedades sino en crear una cultura de la prevención. A partir de esto podemos generar mejores condiciones de desarrollo para nuestra sociedad. Es pues tarea de todos: la educación pero en especial de filósofos. De filósofos porque son estos los que hacen del saber el espacio común de las demás disciplinas. Los filósofos son los únicos que discuten el status que se le da al saber para poder legitimar cualquier práctica.

Quizá alguien pueda objetar que lo que de veras importa es crear cosas útiles y no en pensar sí lo que se utiliza está legitimado por algún saber, el chiste es que funcione y ya. Puede que la pragmática del individuo pesa más en una sociedad ligada a una lógica del consumo, pero habría que pensar sí esta lógica es la única que debe prevalecer sobre las demás practicas y demás sociedades. Pensar sobre el saber y las prácticas que se dan en la actualidad no es descubrir el agua tibia sino dar con el lazo social que hoy en día acontece como utilidad o como necesidad.  Y sólo en el escudriño de esa instancia podemos otorgarle sentido a la existencia en tanto posibilidad, y en tanto proyecto.

Y es ahí donde la filosofía tiene vigencia. En la discusión  sobre la legitimación de saber que desemboca en prácticas vitales podemos ver el repertorio de convicciones que mueven hoy en día a la sociedad[8]y ,por supuesto, la educación que proyecta. Y sólo en ese sentido podríamos ver la utilidad o inutilidad de la filosofía para la educación. Mientras tanto el espacio debe quedar abierto para el diálogo de los distintos saberes. Ahora la pregunta que salta es ¿sí todo pueblo está destinado a educarse, qué tipo de pueblo o qué pueblo somos?



[1] Ver Jaeger, Werner. Paideia: los ideales de la cultura griega. F.C.E. México. 200 pág. 3
[2] Ídem, pág. 4
[3] Cfr. Ortega y Gasset, José. Historia como sistema. Editorial Espasa-Calpe. Madrid 1971 pág. 9
[4] Cebe aclarar que aquí trato de hacer una analogía que procure establecer un vínculo con lo que se viene tratando  como educación con  el concepto de creencia en Ortega. La intención es subrayar que el propósito de la educación esta mediado por el reflejo de las convicciones que posee una época o un pueblo.
[5] Ver Jaeger, Werner. Paideia: los ideales de la cultura griega. F.C.E. México. 200 pág. 22

[6] Véase Eugenio Trías: El artista y la ciudad. Trías rememora a Platón sobre el destino del filósofo-rey que es la creación del estado perfecto a partir de la contemplación de la belleza. Engendrar o parir bellos discursos o pensamientos, pero así mismo bellas normas y bellas leyes, bellos hijos, bellas ciudades, bellos saberes. El filósofo que replantea Trías a partir de Platón no es aquel que se queda absorto en la contemplación de las ideas sino que desciende del topus uranos para convertirse en el artista que hace mayéutica con la ciudad en tanto que  atrae la luz a esta. Lo que motiva al filósofo a regresar a sacar de la caverna a sus conciudadanos es el amor.
[7] Incluso los planes educativos ya no son cosa única de pedagogos sino que ahora los que intervienen en la creación de esos planes son economistas. Ahora la economía es la que dicta las pautas de la educación.
[8] Tenemos que dar necesariamente con la legitimación puesto que toda práctica vital va ligada a una idea de verdad, y sobre ello descansa el hecho de hacer o no hacer las cosas. Cabe mencionar que existen prácticas como el arte que no estén fundadas sobre el criterio de verdad, pero al arte corresponder el criterio del gusto, y sobre ello no hay disputa como dice el dictum latino: de gustibus non disputatum est, puesto que el gusto es la afirmación de una preferencia y sobre esa preferencia recae la legitimación del porqué hacer arte.